El alto crecimiento económico ha
venido acompañado de una reducción de la pobreza, aunque todavía hay zonas
donde esta sigue siendo elevada. La pobreza aumentó significativamente durante
1985-90 con la hiperinflación y alcanzó a más de la mitad de la población en
1991. Con la estabilización macroeconómica la pobreza mejoró modestamente, pero
aumentó en los años siguientes como consecuencia de la crisis económica de
1998. La recuperación del crecimiento de la década de 2000 empezó a tener un
impacto importante sobre la reducción de la pobreza solo a partir de 2005, cuando
el crecimiento económico se tornó más desconcentrado, afectando positivamente a
todos los sectores y a la mayoría de las regiones del Perú, generando empleo
formal y reduciendo la informalidad. Este “chorreo” del crecimiento económico a
partir de 2005 es el primer responsable de los buenos efectos en la reducción
de la pobreza. Entre 2005 y 2009, la pobreza cayó del 48,7% al 34,8%, mientras
que la pobreza extrema se redujo del 17,4% al 11,5% (tabla I.4). Si bien es
cierto que la reducción de la pobreza en 2009 se concentró principalmente en
zonas urbanas, en particular en Lima, y se desarrolló a un ritmo más lento que
en años anteriores, la disminución ininterrumpida de la pobreza en estos
últimos años es notable a pesar del aumento de la inflación inducida por el precio
de los alimentos en 2008 y la disminución del crecimiento económico en 2009 como
resultado de la crisis económica internacional. Pese a estos avances, la incidencia
de la pobreza sigue siendo muy desigual en términos geográficos, y en algunas
regiones las tasas de pobreza superan el 60%, sobre todo en zonas rurales de la
sierra.
Pese al progreso en la reducción
de la pobreza, existe una gran heterogeneidad a lo ancho del territorio. Las
mayores caídas de los índices de pobreza en los últimos años se han producido
entre los residentes de zonas urbanas marginales. La mejoría en las zonas
urbanas está asociada a la posibilidad de acceder a un mercado de mano de obra más
dinámico y con mejores ingresos y oportunidades de empleo en sectores
intensivos en mano de obra como el comercio, la construcción y la industria
manufacturera. Por el contrario, los incrementos en el bienestar en las zonas
rurales han sido más limitados.
En las zonas rurales, los hogares
relacionados con la industria de la agroexportación y aquellos con ingresos más
diversificados han podido mejorar su bienestar en mayor medida. Sin embargo,
aquellos hogares vinculados exclusivamente a la agricultura han visto solo
pequeñas reducciones en sus niveles de pobreza. Así, la pobreza sigue siendo un
problema particularmente grave en la sierra rural, donde el 66% de la población
es pobre y un tercio vive en la extrema pobreza.
La desigualdad se ha reducido solo ligeramente a nivel nacional. La
desigualdad del ingreso en el Perú –medida por los coeficientes de Gini o de
Theil– ha caído en los últimos cinco años, en particular durante el bienio de
alto crecimiento de 2007-08. Sin embargo, esta reducción de la desigualdad ha
sido moderada, sobre todo si se compara con la observada en otros países de la
región como Brasil. Si bien los ingresos de los más pobres han crecido, lo que
explica la caída de la tasa de pobreza, también es cierto que los ingresos de
los deciles superiores crecieron moderadamente más. También se ha dado un
aumento en la polarización espacial de los ingresos entre grandes ciudades, ciudades
de tamaño medio y zonas rurales. Sin embargo, sí ha habido una reducción de las
desigualdades al interior de esos espacios (es decir, dentro de las grandes
ciudades o dentro de las ciudades de tamaño medio o dentro de las zonas
rurales). El efecto neto es una caída moderada de la desigualdad. Pero el hecho
mismo de que la desigualdad no haya aumentado es un resultado destacable dado
el contexto de crecimiento muy elevado (como ha ocurrido por ejemplo en China),
con altas desigualdades iniciales y en el que ciertos sectores han desempeñado
un papel protagónico. La evidencia sugiere que la caída de la pobreza y la
desigualdad son el resultado principalmente de un crecimiento balanceado y
distribuido.
Hay importantes mejoras en indicadores sociales, sobre todo en salud
(por ejemplo, malnutrición infantil). La desnutrición crónica ha comenzado
a bajar en los últimos años, una notable mejora en comparación con los
resultados estancados del decenio de 1990. Así, la desnutrición crónica para
niños menores de 5 años de edad disminuyó de 25,4% en 2000 a 22,6% en 2007 y a
18,4% en 2010. La reducción de la tasa de mortalidad infantil también ha sido
un logro importante: 20 muertes por 1000 nacidos vivos para el año 2008, abajo
de 33 por 1000 nacidos vivos para el año 2000, y está actualmente por debajo de
la media de los países latinoamericanos. Además, la cobertura de nacimiento
institucional a nivel nacional ha aumentado en forma constante desde 49% en el
año 2000 a 76% en 2007, sobre todo debido al fuerte incremento en las zonas
rurales. Las mejoras en los indicadores de salud son atribuibles a mejores niveles
de vida, a la ampliación de la cobertura –sobre todo a través del Seguro
Integral de Salud (SIS), que se inició en 2001– y a otras intervenciones de
salud pública como la educación sanitaria y una mejor gestión de los programas
de inmunización y contra la diarrea. Igualmente, el programa Juntos de
transferencias condicionadas a los más pobres está empezando a tener ya un
impacto, contribuyendo a un aumento en la utilización de servicios de salud y
mejoras en gastos de alimentos de mayor calidad nutritiva (Perova y Vakis
2009).
Sin embargo, el Perú se encuentra en el tercio inferior de países de la
región en lo que respecta a garantizar las mismas oportunidades para todos, lo
que contrasta con su liderazgo en otros índices como el de Haciendo Negocios.
El índice de oportunidades humanas (IOH), que mide la igualdad de oportunidades
en el acceso a los servicios sociales,
muestra al Perú en el puesto número 13 de 17 países de la región para los que
se ha estimado este indicador. De nuevo, la diversidad regional explica buena
parte del pobre desempeño del Perú en el IOH. Esto se puede ver claramente
cuando se analiza el IOH a nivel subnacional, que se ha podido calcular para 165
regiones subnacionales de un total de 15 países latinoamericanos. El Perú destaca
por ser el único país que tiene regiones entre las 50 mejores (Lima
metropolitana) y entre las 50 peores (costa rural, sierra rural y selva rural).
El Perú también tiene un desempeño menor que el de la media de la región
América Latina en algunos indicadores sociales, como por ejemplo los
relacionados al acceso a agua potable y saneamiento. Solo el 68% de la
población tiene acceso a saneamiento, lo que sitúa al Perú en el puesto número
23 de 26 países latinoamericanos.
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