lunes, 29 de abril de 2013

¿SE HA DADO UN DESARROLLO MÁS INFLUYENTE?


El alto crecimiento económico ha venido acompañado de una reducción de la pobreza, aunque todavía hay zonas donde esta sigue siendo elevada. La pobreza aumentó significativamente durante 1985-90 con la hiperinflación y alcanzó a más de la mitad de la población en 1991. Con la estabilización macroeconómica la pobreza mejoró modestamente, pero aumentó en los años siguientes como consecuencia de la crisis económica de 1998. La recuperación del crecimiento de la década de 2000 empezó a tener un impacto importante sobre la reducción de la pobreza solo a partir de 2005, cuando el crecimiento económico se tornó más desconcentrado, afectando positivamente a todos los sectores y a la mayoría de las regiones del Perú, generando empleo formal y reduciendo la informalidad. Este “chorreo” del crecimiento económico a partir de 2005 es el primer responsable de los buenos efectos en la reducción de la pobreza. Entre 2005 y 2009, la pobreza cayó del 48,7% al 34,8%, mientras que la pobreza extrema se redujo del 17,4% al 11,5% (tabla I.4). Si bien es cierto que la reducción de la pobreza en 2009 se concentró principalmente en zonas urbanas, en particular en Lima, y se desarrolló a un ritmo más lento que en años anteriores, la disminución ininterrumpida de la pobreza en estos últimos años es notable a pesar del aumento de la inflación inducida por el precio de los alimentos en 2008 y la disminución del crecimiento económico en 2009 como resultado de la crisis económica internacional. Pese a estos avances, la incidencia de la pobreza sigue siendo muy desigual en términos geográficos, y en algunas regiones las tasas de pobreza superan el 60%, sobre todo en zonas rurales de la sierra.
Pese al progreso en la reducción de la pobreza, existe una gran heterogeneidad a lo ancho del territorio. Las mayores caídas de los índices de pobreza en los últimos años se han producido entre los residentes de zonas urbanas marginales. La mejoría en las zonas urbanas está asociada a la posibilidad de acceder a un mercado de mano de obra más dinámico y con mejores ingresos y oportunidades de empleo en sectores intensivos en mano de obra como el comercio, la construcción y la industria manufacturera. Por el contrario, los incrementos en el bienestar en las zonas rurales han sido más limitados.
En las zonas rurales, los hogares relacionados con la industria de la agroexportación y aquellos con ingresos más diversificados han podido mejorar su bienestar en mayor medida. Sin embargo, aquellos hogares vinculados exclusivamente a la agricultura han visto solo pequeñas reducciones en sus niveles de pobreza. Así, la pobreza sigue siendo un problema particularmente grave en la sierra rural, donde el 66% de la población es pobre y un tercio vive en la extrema pobreza.
La desigualdad se ha reducido solo ligeramente a nivel nacional. La desigualdad del ingreso en el Perú –medida por los coeficientes de Gini o de Theil– ha caído en los últimos cinco años, en particular durante el bienio de alto crecimiento de 2007-08. Sin embargo, esta reducción de la desigualdad ha sido moderada, sobre todo si se compara con la observada en otros países de la región como Brasil. Si bien los ingresos de los más pobres han crecido, lo que explica la caída de la tasa de pobreza, también es cierto que los ingresos de los deciles superiores crecieron moderadamente más. También se ha dado un aumento en la polarización espacial de los ingresos entre grandes ciudades, ciudades de tamaño medio y zonas rurales. Sin embargo, sí ha habido una reducción de las desigualdades al interior de esos espacios (es decir, dentro de las grandes ciudades o dentro de las ciudades de tamaño medio o dentro de las zonas rurales). El efecto neto es una caída moderada de la desigualdad. Pero el hecho mismo de que la desigualdad no haya aumentado es un resultado destacable dado el contexto de crecimiento muy elevado (como ha ocurrido por ejemplo en China), con altas desigualdades iniciales y en el que ciertos sectores han desempeñado un papel protagónico. La evidencia sugiere que la caída de la pobreza y la desigualdad son el resultado principalmente de un crecimiento balanceado y distribuido.
Hay importantes mejoras en indicadores sociales, sobre todo en salud (por ejemplo, malnutrición infantil). La desnutrición crónica ha comenzado a bajar en los últimos años, una notable mejora en comparación con los resultados estancados del decenio de 1990. Así, la desnutrición crónica para niños menores de 5 años de edad disminuyó de 25,4% en 2000 a 22,6% en 2007 y a 18,4% en 2010. La reducción de la tasa de mortalidad infantil también ha sido un logro importante: 20 muertes por 1000 nacidos vivos para el año 2008, abajo de 33 por 1000 nacidos vivos para el año 2000, y está actualmente por debajo de la media de los países latinoamericanos. Además, la cobertura de nacimiento institucional a nivel nacional ha aumentado en forma constante desde 49% en el año 2000 a 76% en 2007, sobre todo debido al fuerte incremento en las zonas rurales. Las mejoras en los indicadores de salud son atribuibles a mejores niveles de vida, a la ampliación de la cobertura –sobre todo a través del Seguro Integral de Salud (SIS), que se inició en 2001– y a otras intervenciones de salud pública como la educación sanitaria y una mejor gestión de los programas de inmunización y contra la diarrea. Igualmente, el programa Juntos de transferencias condicionadas a los más pobres está empezando a tener ya un impacto, contribuyendo a un aumento en la utilización de servicios de salud y mejoras en gastos de alimentos de mayor calidad nutritiva (Perova y Vakis 2009).
Sin embargo, el Perú se encuentra en el tercio inferior de países de la región en lo que respecta a garantizar las mismas oportunidades para todos, lo que contrasta con su liderazgo en otros índices como el de Haciendo Negocios. El índice de oportunidades humanas (IOH), que mide la igualdad de oportunidades en el  acceso a los servicios sociales, muestra al Perú en el puesto número 13 de 17 países de la región para los que se ha estimado este indicador. De nuevo, la diversidad regional explica buena parte del pobre desempeño del Perú en el IOH. Esto se puede ver claramente cuando se analiza el IOH a nivel subnacional, que se ha podido calcular para 165 regiones subnacionales de un total de 15 países latinoamericanos. El Perú destaca por ser el único país que tiene regiones entre las 50 mejores (Lima metropolitana) y entre las 50 peores (costa rural, sierra rural y selva rural). El Perú también tiene un desempeño menor que el de la media de la región América Latina en algunos indicadores sociales, como por ejemplo los relacionados al acceso a agua potable y saneamiento. Solo el 68% de la población tiene acceso a saneamiento, lo que sitúa al Perú en el puesto número 23 de 26 países latinoamericanos.






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